3.d) Buscamos una constitución para nuestra familia


Es decir, buscamos un conjunto de normas que nos sirvan para vivir en armonía.
Pero debemos recordar que en la educación de los hijos estamos en una ETAPA CONSTITUYENTE , por tanto, no podemos legitimarla a través de una “consulta popular”, sino que las normas están en una evolución que nos fuerza continuamente a evaluar la situación y a modificar las respuestas. La autoridad por tanto, es una responsabilidad ineludible, porque no somos iguales a los niños. No podemos vivir como si los niños estuvieran a nuestra altura, o peor, como si nosotros estuviéramos a la suya. Para ello debemos confiar en nosotros mismos y en nuestros valores.


Vamos a decidir darles entonces a nuestros hijos unas reglas razonables para:
▫ Su seguridad
▫ La armonía de la familia
▫ La vida social del niño y de la propia familia
▫ La autodisciplina
▫ Su autoestima y autocontrol
▫ El bienestar de los demás

Las normas deberían responder a las siguientes preguntas:

1. ¿Son necesarias?
2. ¿Son simples?
3. ¿Son justas?
4. ¿Las comprenden nuestros hijos?
5. ¿Les va a merecer la pena cumplirlas?
6. ¿Las aceptan nuestros hijos?
7. ¿Saben que ocurrirá si las infringen?
8. ¿Me atrevo a hacerlas cumplir?
9. ¿Las aplico con justicia?
10. ¿Lo hacen también los otros adultos de la casa?

Vamos a darle a nuestros hijos las razones de nuestras normas. Debemos explicar las razones, cuando las circunstancias lo exijan, para que el niño comprenda que las normas que ponemos tienen una base racional y beneficiosa. Debemos ponerlo en nuestro lugar, o en el lugar del otro. Para que el niño y la niña puedan sentir empatía (Capacidad para ver las cosas desde el punto de vista de otro además del propio) por los demás, y puedan entender eso de “No le hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”.

¿Cómo hacemos esta constitución?

·
Observando:

Debemos escuchar a nuestros hijos, creando en ellos una atmósfera de confianza.
Debemos traducir sus comportamientos para saber qué quieren decir con sus llamadas de atención o con sus silencios, es decir debemos saber por qué y para qué actúan como lo hacen
Debemos fijarnos también en lo positivo y valorar el buen comportamiento.

·
Comunicando


No podemos monologar (sobre todo con adolescentes), es mejor preguntar y escuchar.

Podemos hacer un esfuerzo por comprenderlos pero no podemos ponernos a su altura.
No podemos perder los nervios.
No podemos faltarle el respeto si no queremos que nos lo falten a nosotros.
No podemos ser invisibles para ellos ni viceversa.
No podemos inhibirnos ante su mal comportamiento, aunque a veces haya que ignorar determinados comportamientos.

Debemos señalar concretamente las cosas que no nos gustan y no caer en hacer un rechazo general de nuestros hijos

· Construyendo:


Creando una estructura de hábitos y rutinas que le ayuden a vivir, como por ejemplo a pedir permiso, o acudir a los mayores ante una agresión antes que agredir.
Más prevención es igual a menos castigo. Se resiste más la tentación de un mal comportamiento si las circunstancias lo impiden que si lo castigamos después de hacerlo

· Siendo coherentes

Debemos demostrar nuestros valores con el ejemplo
No debemos amenazar con lo que no se puede cumplir
Los límites deben estar fijados por las circunstancias, y no por nuestro estado de ánimo

· Actuando:

Ante las conductas inadecuadas, lo principal es no dejarlos decidir, actuando como requiera la situación:
- Ignorando su llamada de atención y
siguiendo con nuestro plan
- Explicando nuestra razones y
siguiendo con nuestro plan
- Castigando sin más explicaciones
ante situaciones innegociables

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